you're reading...
Artículos en español

Tamara Campo. Más allá del blanco.

José Manuel Noceda Fernández

Tamara Campo articula una producción nada desdeñable, con voz propia, dentro del medio artístico cubano. Un hacer constante y sólido, al tanto de los más diversos escenarios y disciplinas, le permite incidir en la escena local como prolongar sus resultados fuera de esta. *

Blanco, 2019
instalación interactiva.
Dimensiones variables.         

Blanco, detail.

Invitada a la 13ª. Bienal de La Habana hace escasos meses (abril-mayo, 2019), expuso en la cita una de las instalaciones de mayor complejidad, y me atrevería a decir calado: Blanco. Para comprenderla debemos viajar hacia atrás en el tiempo, incursionar en una somera revisión retrospectiva al interior de todo lo realizado por ella. El punto de partida de dicho recorrido imaginario se encuentra justo en los años noventa cuando consolida las morfologías de su obra con prácticas enraizadas en la tradición del grabado y a la vez en su desmonte. Junto a otros renovadores de la disciplina, Tamara comenzó a utilizar las matrices más allá de las funciones puramente prácticas y reproductivas para convertirlas en parte de sus inquietudes expresivas. Los tacos xilográficos pasaron a ser pieza angular de los resultados a exponer en galerías y museos. La voluntad con arraigo en la simbología, el valor tropológico de las imágenes y las herramientas representacionales propias de ese decenio, produjo obras como No soy quien parezco ser y República de América, ambas de 1994, reorganizadas en torno al texto metafórico y la mixtura de imágenes populares, políticas y religiosas.

  República de América, 1994.
objeto xilográfico.
23 x 60 x 0,2 cm.
Colección P.P. Oliva, Cuba

En 1996 construye La nube, instalación como parte de su proyecto de tesis en el ISA. Concebida para el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales adelanta en ella otros apuntes de significación para las producciones posteriores. Siguiendo un interés expandido en las artes visuales en el Caribe todo, el primero de ello responde al interés por ciertas materias y rubros consustanciales a la región, profundamente asociados a la historia económica y política de los territorios insulares, con sus implicaciones sociales, devenidos clave en el modo de producción imperante en ellos y en sus desarrollos (el ron, la caña de azúcar, el café…). Tamara selecciona las hojas de tabaco pinareño, su provincia de origen, el mejor del mundo según avalan los criterios altamente especializados. La elección le permite explorar las potencialidades expresivas de tan demandado cultivo como profundizar en sus connotaciones simbólicas. Es un acto si se quiere de anagnórisis, a partir de un producto cercano, afectivo y familiar, sensible para la economía de todo un país.

La nube inaugura una línea de trabajo –instalaciones y performances–, basada en el tabaco: De-Dos hacedores, 1996, Háganse la idea, 1996-97 o La caja Perfecta, 1996-2009. Pensada para suspenderse del techo, otra de sus contribuciones incentiva un posicionamiento diferente del espectador al conminarlo a desviar el sentido de la observación hacia arriba. 

La Marea, 2011-2012
instalación,
madera y tinta.

Siguiendo ese interés, en Life Time Line, 2006-2009 introduce el componente video en el concepto tridimensional. Y produce La marea, 2011-2012, una de las obras de mayor solvencia matérica y visual. Se trata de una enorme instalación en la que Tamara proyecta una inmensa ola en madera y xilografía objetual. Su iconografía pende del techo. En su itinerario, la ola avanza en crescendo, cae, se hace añicos y descompone en pedazos. Una observación detallada indica cómo los fragmentos son representaciones de billetes-objetos, léase, pesos cubanos, euros y dólares americanos, las monedas de circulación internacional por antonomasia.

Ubicada en contexto, La marea adentra en el campo metafórico de las fluctuaciones que dicho proceso marino causa en la naturaleza, pero lo extrapola al campo de las interacciones entre lo local y lo global. Obra pensada en tiempos de crisis, en los albores del desplome inmobiliario y financiero en los Estados Unidos y su arrastre planetario despiadado hacia otras áreas de la vida, habla de la vulnerabilidad de las economías nacionales y del ser humano ante el gran capital y de las inevitables consecuencias para países y sociedades en la era del “capitalismo tardío”, prolongación, digamos, de las conmociones avizoradas por Fredric Jameson desde las crisis de 1973 (“…la crisis del petróleo, el final del patrón oro internacional, a todos los efectos el final de la gran ola de las ‘guerras de liberación nacional’ y el principio del fin del comunismo tradicional…”) y de procesos cíclicos de los que nadie escapa.

Blanco resume muchas de las modulaciones previamente concebidas al interior de su obra. Asimismo, la historia del arte contiene infinidad de referentes que podrían venir a la mente desde el título mismo y su proyección. El primero de ellos, por supuesto, la radicalidad de Kazimir Malévich en Blanco sobre blanco. Retrotrae por igual a los penetrables de Jesús Rafael Soto, por poner un ejemplo. Y a un tipo extendido de intervenciones, al estilo de Desvío hacia el rojo I: impregnación, 1967-1984, habitación blanca con objetos en rojo, de Cildo Meireles. En medio de tan inmenso bagaje, Tamara ofrece una perspectiva personal.

El Bosque,  2014. 
instalación interactiva.
 Papel kraft, tinta negra y caja de luz.
 Dimensiones variables
 

Ante todo, es continuidad, y a la vez contraparte, de El bosque, environment concebido para Zona franca colateral a la 12ª. Bienal de La Habana en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, 2015, –una bóveda completamente oscura con más de 100 bandas negras, rematada al final del camino con el texto de luz Cuando la noche llega, nadie puede trabajar, inspirado, como ella arguye, en la cita bíblica de San Juan, 4.9–, al extremo de no poder sopesar del todo una sin el conocimiento previo de la otra. Dos caras de una misma moneda, al pensar las pautas estructurales y espaciales para desbordarlas e ir mucho más allá.  

Si bien, como su título sugiere, el proyecto original preveía la monocromía inmaculada del lugar a partir del predominio absoluto del blanco, imponderables de producción no le hicieron perder la eficacia estético-comunicativa. Montada en una de las amplias salas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Blanco interpuso una serie de bandas colgadas del techo en tácita ocupación del recinto, modificando la circulación habitual por el espacio expositivo. Al entrar, cada espectador debía primero reconocer el lugar, para después aceptar con los sentidos bien aguzados el reto de la artista y adentrarse en la urdimbre vertical que le bloqueaba la visibilidad de un segmento de la sala.

De ese modo, en el interior, el público deviene parte de la propuesta. En su desplazamiento e interacción cada espectador modifica de manera efímera la disposición de las bandas y convierte la instalación en una entidad dinámica, con vida autónoma. La intervención opera así en los pliegues de la relación del espectador con la obra de arte, y participa de los esfuerzos por acortar la distancia que media entre los consumidores y las producciones simbólicas, a los que no pocos artistas dirigen sus empeños.   

Disquisiciones cromáticas aparte, Blanco denota un ejercicio de síntesis de los argumentos, conceptos y metodologías hasta ahora en uso sistemático y coherente. A diferencia de artistas conminados a lidiar con un nuevo medio fuera de su zona de confort, Tamara conoce el terreno pues lo ha explorado en proyectos anteriores. Blanco implica luz, color, forma, objeto, espacio, contexto, territorio y un paisaje otro. Su raíz propositiva torna múltiple sus potencialidades; cabe la posibilidad del disfrute perceptivo y la contemplación; pero constituye en esencia un entorno de reflexividad, connotativo, con la intención autoral de abordar las fronteras físicas y mentales, el vacío y la nada, instaurar un resquicio de espiritualidad donde confluyan la convivencia, la tolerancia y la aceptación del otro.  

*“Tamara Campo. Más allá del blanco”, texto publicado en la revista Arte cubano, La Habana, 2019.

Discussion

Pas encore de commentaire.

Votre commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l’aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Photo Google

Vous commentez à l’aide de votre compte Google. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l’aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l’aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

Connexion à %s

Retrouvez toute l’information sur le marché de l’art

artprice
%d blogueurs aiment cette page :