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Operación Espejos: Quintapata…¡somos todos!

 

INVI NEW 3

¡Cuánta alegría observar que, en nuestra realidad artística, existan proyectos grupales como Quintapata, con una producción a la vez colectiva e individual, con una constancia y un rigor admirables! Ellos –ahora cuatro artistas formidables- promueven la riqueza de la verdadera contemporaneidad, el arte que se está haciendo, deshaciendo y rehaciendo, jamás detenido en su avance y sus propuestas.
Pascal Meccariello, Raquel Paiewonsky, Jorge Pineda y Belkis Ramírez han demostrado en el marco de Quintapata, una y otras veces, nacional e internacionalmente, sus capacidades, poniendo por delante una preocupación de diálogo, de reflexión, de cuestionamiento en sus compromisos respectivos. Las exploraciones de fuentes y objetivos -que les conocemos desde hace años-, lejos de haberse agotado, han intensificado su vitalidad creadora y su alcance público. El paso del tiempo ha favorecido entonces una madurez creciente y, más aun, un enriquecimiento conceptual. Operación Espejos lo demuestra, mediante una particular resonancia en nuestra sensibilidad, hasta causando un impacto, físico, intelectual y emocional.
Operación Espejos significa, además de un cambio en el proceso creativo y el mecanismo de exposiciones, un avance en el itinerario de Quintapatas, una ampliación de sus metas hacia la colectividad. Es una propuesta mucho más compleja de lo que aparenta, aun apartándonos de sus orígenes dominicanos en la historia patria.
Incluiríamos tres enfoques fundamentales.
El primero concierne a la ciudad de Santo Domingo y al descuido de su conservación y/o mantenimiento de su centro, cuando no se trata de una casa colonial. Quintapata ha querido llamar la atención respecto al deterioro –en peligro o en marcha- de construcciones patrimoniales altas situadas en la calle El Conde, como signos y símbolos de una situación. Los edificios necesitan mantenimiento por su envejecimiento prematuro, y tienen una particular importancia porque siguen siendo habitables y son testimonios, cuasi monumentos, de la arquitectura moderna dominicana. Su eventual restauración incumbe a más de un organismo gubernamental, no solamente a las autoridades de turismo. Quintapata ha advertido a tiempo todavía…
Luego, para alcanzar ese propósito, el colectivo ha elegido –era de suponer- una actividad (impre)visible y manifestación pacífica, mucho más sutil que una protesta o un reclamo formal… Ha utilizado algo intangible, un fenómeno de refracción y reflexión, a partir de la luz solar, proyectada, a cierta distancia, mediante espejos sobre la fachada del inmueble. El objeto reenviaba el rayo luminoso en el frente del edificio… convertido en el centelleo de incontables lucecitas , a merced de las nubes y la sombra repentina. Pero pronto el sol reaparecía, el fulgor “repicaba”, acompañado por las risas y exclamaciones de una verdadera muchedumbre.
Este tercer componente es, en nuestra opinión, el que mayor entusiasmo suscita: ¡cómo motivar y congregar a centenares de personas, señalándoles una vía y un punto de encuentro, pidiéndoles que traigan cada una un espejo! Y se hizo, más allá de lo que se esperaba. Del mismo modo que había espejos de todos tamaños y estilos, acudieron gentes de todas clases y edades, curiosos, transeúntes, turistas, no solamente artistas de oficio y de corazón – ¡por cierto cuántos había!-. Caminaban y se detenían, riendo, charlando, observando, con brazos y espejos en alto. Miraban y se miraban, alborozados. ¡Y lo que causaba una alegría especial, era ver a los niños, de chiquitines a adolescentes, participando y gozando!
De espectadores, los asistentes se convirtieron en actores… En una escenografía natural y callejera, se entabló un diálogo de muchas voces, a la vez libre, abierto y bien dirigido simultáneamente, con la plena consciencia para cada uno de estar en su lugar y de contribuir a una meta ciudadana. Tal vez Quintapata no pensó que iba a ofrecer tanto al público, cautivando su interés… y que se le iba a responder con una propiedad y un entusiasmo inusuales.
Quintapata sobrepasó la función artística que le conocíamos -ésta ya admirable-, de creación individual y colectiva. Se confirmó como ente conceptuosa, interpelante, llegando a un número insólito de gentes, inventándoles un juego útil, dando un sentido especial y social a una convocatoria consensual. Aquí, los cuatro se convirtieron en una multitud, la obra también se multiplicó vuelta un bien común, la iniciativa culminó en un singular éxito. Queda por ver si la Operación Espejos no se quedará a nivel de un espejismo, desvanecido por la indiferencia administrativa y municipal, o finalmente materializado por esos mismos jerarcas, responsables del mejor acondicionamiento urbano.
Que nos perdone por la paráfrasis, Freddy Ginebra, el amigo y duende de Casa de Teatro, pero la Operación Espejos ha logrado que ¡“Quintapata somos todos”!

Marianne de Tolentino
ADCA /AICA

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