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Belkis Ramirez, de la misma madera,de la misma roca, del mismo mar

 

Belkis Ramirez Candi Das 2004

Belkis Ramirez
Candi Das
2004

 

 

En la década de los ochenta un grupo de jóvenes artistas comenzó a buscar alternativas para consolidar su condición artística en el país y para poder exportar los mensajes del arte dominicano hacia los grandes circuitos del arte internacional. En la actualidad dichas rutas se encuentran algo más transitadas. Es frecuente, que varios creadores dominicanos participen en eventos como la Bienal de Sao Paulo o la Bienal de Venecia, como lo es también el que formen parte de las colectivas sobre arte caribeño que se organizan dentro y fuera de la región.
La obra de Belkis Ramírez permite entrever los principales aspectos de ese proceso de más de tres décadas. Constantemente en movimiento entre la instalación, la pintura, el grabado y el dibujo, la poética creada por la artista ha servido de lazo de unión entre varias generaciones de artistas, generando obras que han pasado a convertirse en verdaderos símbolos del arte dominicano y caribeño. Resulta, por otro lado, difícil adscribir la obra de Ramírez a una temática específica, a pesar de que en muchas ocasiones se la ha relacionado con el feminismo. En ese sentido, la obra de Belkis Ramírez desafía categorizaciones, ofreciendo al espectador la posibilidad de cuestionar su posición ante la obra y también ante temas vitales como la violencia, la prostitución, la marginación o la memoria. También permite entrever la voluntad de integración pan-caribeña e interregional de algunos artistas del Caribe, voluntad que se extiende más allá del deseo o las imposiciones puntuales de alguna exposición internacional.
La reflexión sobre el contexto social y geográfico aparece como una preocupación común a lo largo de toda la obra de Belkis Ramírez. El espacio insular, la realidad impuesta por la presencia del mar, surge como una constante en obras en las que la artista consigue aunar la reflexión personal sobre temas cotidianos, presentes en cualquier contexto—la migración, la indiferencia, el rechazo, la incomunicación—y la creación de un discurso preocupado por establecer las condiciones en las que dichos temas intervienen en el debate público dominicano. Al mismo tiempo, la artista ha señalado algunas de las constantes que caracterizan la producción artística más reciente en la región, tales como la formación de colectivos artísticos y el incremento de proyectos que tienen como objetivo la intervención en espacios urbanos y el incremento de la comunicación entre el artista y la sociedad. La formación del Colectivo Quintapata, del cual Ramírez forma parte desde su fundación, aparece vinculada a ese proceso.

Belkis Ramirez De la misma madera 1994

Belkis Ramirez
De la misma madera
1994

De la misma madera, de la misma roca, del mismo mar.

Entrevista con Belkis Ramírez.

(Taller de Belkis Ramírez, 23 de junio de 2010)

C-Hola Belkis. Quisiera preguntarte, en primer lugar, cómo empiezas a interesarte por el grabado y el dibujo, cómo son tus primeros trabajos, qué influencias tienen y qué te motiva en el momento inicial de tu carrera.
Belkis Ramírez [en adelante B]-Yo creo que fue como de manera accidental que me empecé a interesar en el grabado, porque llegó a vivir aquí una artista puertorriqueña , se llama Consuelo Gotay, e hizo un taller, el cual lo tomamos cuatro artistas. Entonces ahí comenzamos. El taller era sobre linóleos solamente, porque creo eso era lo que ella mas dominaba, pero nosotros introducimos la madera, porque nos sentíamos más cómodos con ella, era más fácil conseguir que los linóleos, que había que importarlos. Y, de hecho, Consuelo Gotay, siendo la profesora, hizo por primera vez una xilografía, un grabado en madera, en nuestro propio taller. Fue muy lindo.
El resultado del taller fue un calendario que pusimos a circular, gustó muchísimo, y bueno, doña Marianne de Tolentino hizo una crítica muy emotiva, que a nosotros nos sorprendió, y podría decir como que en ese momento fue que yo dije, bueno, ¡pero nosotros somos artistas! En ese tiempo ya había estudiado arte en la universidad estatal, y luego de arte incursioné en arquitectura. Estaba estudiando arquitectura en ese momento.
El grabado ejerció una fascinación en mí desde el principio, y bueno, fue como un enamoramiento “hasta que la muerte nos separe”, y sobre todo, con relación a la madera, estoy sumamente ligada a ella, no hay manera de que yo me pueda separar de ella. Siempre que pienso, tengo que hacer otra cosa que no sea madera, termino metiendo la idea en madera. Entonces, al principio yo hacía los grabados, los imprimía y los seriaba, pero aquí no hay, no había, tradición de grabado, es decir, la gente no sabía qué era eso, creía que era algo muy novedoso [ríe]. Y cuando yo les decía que los primeros libros con grabados databan de Gutenberg se quedaban un poco sorprendidos. Grabados, ¿qué es eso? Y, por supuesto, cuando me preguntaban, ¿usted es artista?, y yo contestaba, sí, me decían, ¿pero pinta? No, hago grabados. Y era muy extraño.
En ese momento el grabado parecía ser contestatario, era como ser artista contemporáneo ahora, un lenguaje diferente, raro,…Entonces, yo lo hacía, pero como no había mercado, pues los grabados se quedaban en mi taller. Así, de manera natural, empecé a no hacer impresiones, sino a dejar la matriz tal cual. Y ahí comenzó el que toda mi producción tenga que ver con la matriz y no necesariamente con la impresión. Eso se dio por vez primera en una exposición que hice en 1991 (bueno, comenzó antes, pero ahí se dio por primera vez el hecho de mostrar la matriz y la impresión en una misma exposición); a partir de ahí…El olor de la madera, el tallado, forman parte de mí, ya no hay manera de que yo las pueda desechar. Ya yo los pinto,…es decir; el grabado en mi obra es grabado, por la talla, pero también es pintura, porque ya dejé de usar la tinta, uso acrílicos: pinto, tallo, y convierto la obra en escultura y en instalación. Le saco todo el provecho del mundo. ¿Y quién sabe lo que se me puede ocurrir? [Ríe]
C-¿Qué sentido le das a la madera? ¿Por qué la madera?
B-No sé por qué la madera, no creo que haya respuesta, es casi cuando tú te enamoras de alguien. Yo me enamoré de la madera, no fue nada premeditado, y el olor del cedro me encanta. Cuando salgo de viaje y cierro la casa, y al regresar noto el olor a cedro de bienvenida. Hasta eso me gusta. Además, no es lo mismo tallar en la madera virgen que tallar en contrachapado, porque el contrachapado tiene la ventaja de que son varias capas de diferentes maderas, y la última es la que se pone de cedro, caoba u otra madera preciosa. Al poner varias capas, te da la posibilidad de, si surcas con poca fuerza, obtener el color de arriba, pero si introduces más, te da otros tonos, y eso es lo que te puede dar los tonos del rostro, y como en mi caso la mayor parte de mi obra está basada en el ser humano, hacer los rostros así me da muy buenos resultados, porque puedo tener varios tonos de piel. No hay manera que yo me desembarace de ello. [La artista me muestra varias piezas del taller con diferentes acabados].
C-Además, la madera es lo que conecta tu trabajo en grabado con tus instalaciones, ¿no?
B-Sí, claro. Bueno, la instalación también vino un poco como compensación por haberme graduado de arquitectura y no ejercer, como decir, qué hago con esto… [Ríe] Era fácil, porque pensar en tres dimensiones ya era un ejercicio que lo había adquirido en la universidad, entonces, pasar las tallas de la madera a tres dimensiones era obvio, natural, se esperaba.
C-Déjame ir a una de tus instalaciones más emblemáticas. ¿Qué significó De la misma madera, el Tirapiedras, para ti, una obra que fue clave en el arte dominicano de los noventa?
B-Bueno, voy a hablarte primero del momento anterior a que fuera premiada y resultara significativa. Era una obra que se mezcló con varias temáticas, que convergieron en una. Al final fui manejando el tema del prejuicio, de la indiferencia, del ver la paja en el ojo ajeno, de la intolerancia, de la falta de conciencia…Fueron tantos los temas que se mezclaron…Entonces, yo plasmé en un panel a la Humanidad, y en contraposición a la Humanidad estaba, un poco, la Naturaleza, bueno, un mucho la Naturaleza, pero también el espectador. A mí siempre me gusta jugar con eso, con el no saber quién es el agresor y quién el agredido. No se puede ver con claridad quién es el culpable y quién el acusador. Entonces, en cada obra, en cada instalación, coloco al espectador en la diatriba de decir, dónde estoy, quién soy. ¿Soy el que está allá, el que está aquí? ¿El que está juzgando o el juzgado?
Una de las cosas que más me motivó a hacer la obra fue la intolerancia que aquí existía con respecto al SIDA. Por ahí fue que comenzó la cosa. Entonces me di cuenta que la misma intolerancia que se tenía con relación a una enfermedad se tenía con relación a muchísimos tópicos. Entonces ahí llegó el Tirapiedras. Salió tal cual lo ves ahí, de un golpe. Pero era porque yo venía manejando varias ideas, y finalmente cuando salió la imagen era como el resumen de todas esas ideas que me estaban bullendo en la cabeza.
El Tirapiedras me marcó mucho, porque tuvo la cosa de ser primero rechazado, cuando se presentó en términos de boceto. No lo entendieron, o no sé qué ocurrió. Tiene una historia muy larga en términos anecdóticos, y todo el mundo tiene algo que contar. Eso lo enriquece más, porque construye una historia de la obra interesante. Sí me sorprendieron los resultados que tuvo después, la crítica, la aceptación de la gente, la de los niños, el público la eligió como la obra favorita. Luego ha podido viajar, todavía está en la colección del Museo , la gente lo puede ver…Aparte de que también comenzó con una anécdota curiosa. Enfrente de mi apartamento, la Universidad Autónoma tenía toda esa parte llena de árboles, esa parte que está delante de nosotros [señala]. Un día nos levantamos con unos ruidos ensordecedores, y era que estaban derribando todos los árboles. Los vecinos salimos a ver qué pasaba, y cuando vimos que estaban derribando todo, sin saber para qué, ni nada, nos sentimos realmente como si nos estuvieran violando a nosotros mismos, y preguntamos, alarmamos,…No valía de nada, dijeron que iban a hacer una construcción, nada más.
Yo, sin saber qué hacer, como ya tenía la idea del Tirapiedras, les dije a ellos que les iba a pagar diez pesos (en ese tiempo era mucho dinero) por cada horqueta que encontraran. Fueron tantas, que luego tuve que decir que no necesitaba más. De esas horquetas nacieron varias instalaciones, yo iba reciclando la madera, y al final las propuse para una obra en una bienal (en el exterior). Yo tenía mis motivaciones, quería que se murieran frente al museo, porque esos palos tenían demasiada historia para mí. Cuatro instalaciones hice con ellos. Los puse ahí, los sembré en cemento. Se llamaba, Condenados. Se murieron ahí.
Y luego me llamaron, y me dijeron que iban a tomar el video de la obra y me iban a mandar una copia (nunca me la mandaron). Bueno, una de esas horquetas era el Tirapiedras. Incluso, cuando hicimos la exposición Otras Visiones, con Jorge [Pineda], Pascal [Meccariello], Tony [Capellán] y yo, usé esos troncos. Entonces la gente no entendía el por qué había devastado tantos árboles si yo hablaba de la protección al medio ambiente.

Belkis Ramirez Hasta que me guste

Belkis Ramirez
Hasta que me guste

C-Me interesa mucho saber cómo entiendes la identidad, en relación con lo que me comentabas sobre la ambigüedad entre el sentirse juez y juzgado. ¿Cómo te confrontas a ti misma en tu obra, cómo te piensas tú?
B-Totalmente involucrada, dentro y fuera, depende de la obra.
C-¿También como público?
B-Sí claro, depende de cómo me sienta, a veces me veo como acusada y acusadora. Una vez yo hice una exposición que se llamaba Historias Ajenas, porque no siempre el artista habla de sí mismo, sino también de experiencias de otros, si tú quieres contar algo que te parece que hay que compartir, lo haces. Esa vez, muchas obras estaban basadas en la historia de otras personas, de gente que conocía, porque en exposiciones anteriores todo el mundo creía que estaba contando cosas mías. En muchos casos era así, incluso a veces de manera inconsciente, pero no siempre. El asunto es que no creo que pueda escoger premeditadamente una temática, la temática me elige a mí, algo me toca y tengo que hablar de eso, ya sea que lo vea por el periódico, que me ocurra a mí, a mi hermana, a algún amigo,…
Pero, cuando miras para atrás, a la producción que he hecho, empiezas a encontrar hilos conductores, y dices, de qué trata ella. Y empiezan a clasificar: le gusta tratar temas ecológicos, temas con relación a la mujer, con relación a la pareja, políticos, de educación, y te hacen algunos renglones que son producto ya del haber hecho el trabajo. Sin embargo, para mí es difícil como artista hablar de mi discurso como algo orientado hacia algún lado. Se puede decir eso, en mi caso al menos, luego del trabajo hecho. No porque esté predeterminado que eso iba a pasar. Si hablé de eso fue que me tocó. Lo primero tiene que ser que uno tenga las ganas de hacer algo. Si uno no tiene las ganas, no sale nada.
Entonces, una se cansa de hacer bocetos, pero hasta que se den tres condiciones no sale la obra: que sea factible, que se pueda realizar técnicamente; que aparezca el dinero; pero, sobre todo, que te encuentres con las ganas de trabajar en ese proyecto. Eso es el motor fundamental para producir cualquier cosa.
C-¿Cómo trabajas? ¿Cuál es el proceso?
B-Te acabo de contar un poco: haciendo muchos bocetos. Pienso que primero uno tiene que sacar como muchas tonterías: la cabeza está llena de tonterías y de pensamientos que en un momento determinado puedes creer que es una buena idea. Entonces, yo empiezo por sacar todo eso; sé que son tonterías, pero lo tengo que sacar, porque hasta que no saque “toda la basura”,…Al final empiezo a encajar las cosas. Ahí empiezan las tres condiciones. Además tengo el problema del espacio, ya no tengo donde almacenar mi obra, y eso que tomé una habitación en casa de mis padres y otra en el taller de mi hermano. El producir mucho y no darse el mismo ritmo de salida, hace que el almacenaje sea un problema. Hay épocas en que, porque las circunstancias de la cotidianidad me lo permiten, produzco mucho y muy rápido, y hay tiempos en que prácticamente me paso el tiempo sacando ideas, escribiendo y anotando cosas. De hecho, cuando empiezo a trabajar lo hago muy rápido; lo difícil es comenzar, que esté todo, pero una vez ahí, el proceso es rápido. Rápido, con relación a lo que yo sé que mucha gente trabaja. También depende de los eventos que tengas, los proyectos, si encuentras patrocinios,…
Todo eso va implicando la producción no la creación. La creación tiene la maravilla de que no necesita más que papel y lápiz para sacar las ideas. Pero en la producción entran en juego factores que no están necesariamente en tu dominio. Entonces, por ejemplo, a veces se me ocurren cosas que técnicamente no sé cómo las voy a hacer. Ahí tengo que consultar con otras personas, con un herrero, un ingeniero, un plomero, un electricista,…con quien sea. La producción tiene su tiempo, pero la creación siempre está bullendo. Eso es lo cotidiano.
Además, luego está el problema de qué hacer con lo que produces, porque no hay nadie que esté esperándote. Tengo un amigo artista, Chris Cozier, que decía, “la verdad es que yo estoy haciendo estos dibujos, pero a veces me pregunto, ¿cuántos dibujos necesitará la Humanidad?” Es alguien que produce muchísimo. Producir arte no es algo esencial, como los alimentos, en arte uno no sabe hasta cuándo, pero hay que seguir produciendo, está fuera del control de uno.
C-Déjame volver de nuevo a tu obra. ¿Cómo relacionas el tema del mar con la figura humana?
B-Suelo trabajar la figura humana como una reflexión sobre los isleños. Intento hablar de nosotros, sobre todo, de los que vivimos en islas, que el mar nos marca, está permanente entre nosotros, tanto por lo imponente de su fisicalidad, como por ser lo que nos impide llegar a, porque el mar es lo que nos separa de los demás. Ahí uno se da cuenta de que no somos peces, de las limitaciones de vivir en una isla. Y todo el isleño sueña con viajar; entonces, por una cosa o por otra el mar nos marca, nosotros vivimos pegados al mar, y no hay manera de olvidarse. Siento que cuando vas a cualquier país, aquél que tenga acuciosidad podrá ver el mar en los ojos de uno, porque uno es de donde uno es, nuestra forma de ser tiene que ver mucho con ser isleños. Aunque no lo aceptemos en términos de conciencia, porque a veces creemos pertenecer a un pequeño continente, (al continente más pequeño) somos isleños, y nuestra forma de movernos, de ser,…tiene que ver con el mar.
Por eso, a mí me encanta relacionar esas ideas en obras como Con el mar a cuestas, o De mar en peor,( que viene de “De mal en peor”), pero como en este caso es el mar lo que nos separa, y estoy hablando en la obra del tráfico de mujeres, el mar…Yo conocí, por ejemplo, varias dominicanas en Europa que estaban forzadas allá, atrapadas en redes de prostitución, y muchas de ellas eran de ciudades del interior del país, donde el mar lo conocieron cuando vinieron al aeropuerto aquí. Ellas eran de una isla y no conocían el mar. Cuando hablo De mar en peor, aludo a la trata de mujeres, que cada año era peor. A veces los niveles varían, porque hay instituciones que se han creado con el fin de combatir la trata de blancas, porque hay un tráfico enorme. Antes las dominicanas estaban solamente en Suiza, Italia, y en Venezuela; pero ya están en Argentina, en Holanda, en otras islas del Caribe…
Y no sólo afecta a dominicanas, sino a mujeres del Tercer Mundo en general. Mientras menos educación existe es más fácil caer en las redes. Hay personas que creen que ellas van sabiendo a lo que van; pero yo creo que no, que la mayoría no sabe en qué condición estaran, porque lo primero que hacen es quitarles el pasaporte, y entonces tú eres esclava de esa situación, y no puedes salir, ni tienes dinero ni medios. Tuve la oportunidad de conversar con algunas de ellas en el extranjero, y por eso algunas de las obras que hice vinieron a partir de esa experiencia. Comencé con una que se llamó En Oferta, que la expuse en la Bienal de la Habana en el 96, y todavía siento como que no he dicho todo lo que yo quisiera, porque la situación…
Es toda una red de problemas; son tantos que abruman. Ahora, precisamente, el tema ecológico es uno de los que más me preocupan, porque, aunque se arreglara el problema de la prostitución, si seguimos acabando con la Naturaleza y con el Planeta, desapareceríamos nosotros con todos nuestros problemas.

Belkis Ramirez A traves de tus ojos 2013

Belkis Ramirez
A traves de tus ojos 2013

C-¿Es el mar, como tú lo planteas, ligado a una serie de problemáticas y de temas, una constante en todo el arte caribeño?
B-En todo el arte caribeño no creo, puede ser en una parte de este, lo que si creo es que los artistas como personas si pueden estar marcados aunque no todos lo reflejen en su obra. Recientemente en Gran Canarias, en una exposición a la que tuve la oportunidad de exponer y asistir [la exposición, de título Horizontes Insulares, itinerará por algunas islas del Caribe], todos éramos isleños, y de eso se trataba, excepto como Guyana, por ejemplo, donde lo isleño viene más bien como concepto. Pero todos nos dimos cuenta de las cosas que nos unían por ser isleños, empezamos a ver que coincidían cosas en todos los países. Teníamos reacciones similares, y cuando las analizamos vimos que era por ser isleños, porque a veces crees que son cosas de tu país, pero no, incluso con la gente de Madeira, de Reunión, se enfrentaban a circunstancias similares a las de los demás, siendo contextos diferentes. Pero lo geográfico nos marcaba. Fue lindo que tuviéramos ese encuentro, y lo vamos a seguir teniendo porque la muestra se va moviendo.
Lo del mar no es solamente dominicano. La geografía realmente sella a las personas, y sobre todo cuando es algo tan imponente, porque el mar es tan vasto para la isla, y el territorio tan pequeño con relación a la vastedad del mar…Lo gigante se impone sobre lo pequeño, y en cierto modo es como si fueras más del mar que de la tierra.

Belkis Ramirez Aquella nube, 2013-2014

Belkis Ramirez
Aquella nube, 2013-2014

C-Y siguiendo con lo de la geografía, y volviendo a las exposiciones de arte caribeño, ¿crees que esa geografía ha dado un arte caribeño? ¿Se puede utilizar esa etiqueta?
B-La verdad es que temo que la respuesta que tenga sea tan ambigua como la pregunta; ¿se puede hablar de arte caribeño? Es igual que cuando te preguntan, ¿se puede hablar de arte femenino? No sé, porque creo que, en el Caribe, existen, aunque sean en pequeñas porciones, todos los lenguajes. Aquí, en Santo Domingo, por ejemplo, puedes encontrar todos los tipos de lenguajes que te conecten incluso con lo que está pasando en cualquier parte del mundo. Pero sí es probable que los estudiosos (que no es mi caso) encuentren un hilo conductor entre todas esas corrientes, quizá por lo que estábamos hablando ahora del mar: de alguna manera, por algún lado debe salir, supongo yo, de dónde viene eso. No me atrevo a decir mucho más; aunque conozco bastante del arte caribeño, creo que simplemente lo consumo sin el análisis de “es esto arte caribeño”, “esto se parece a aquello”, “esto no se parece”,…No le aplico esos códigos para poderlo degustar, disfrutar,…A mí el arte o me dice algo o no me dice nada. Si no me dice nada no le doy mucho chance. Quizá sea porque no soy analista. Sólo lo analizo un poco si me agarra y me estremece. Por lo mismo, a mí me molesta cuando me ponen en exposiciones de mujeres, no le encuentro sentido. La Humanidad tiende a entender mejor las cosas si las clasifica, entonces, si tú eres del Caribe, ya no necesitan saber nada más, te ponen tu sello,…
Entonces, cuando de repente lo que tú haces sale de los esquemas preconcebidos que tenían, se extrañan, y se preguntan, aquí qué pasó. Eso nos ocurre a nosotros frecuentemente por el preconcepto que hay con el país cada vez que uno sale de viaje. Te preguntan, de dónde, dominicano, ¡qué raro! Precisamente, por el preconcepto de que existe un arte caribeño, porque la estampa es similar al concepto que se vende que aquí todo es playa, y cocoteros, y merengue,…Entonces, si aquí de repente encuentras que hay una orquesta sinfónica, no lo pueden creer, porque no les cuadra.
La última vez que nos pasó, y que fue bastante agradable sentir la reacción del público, fue en Buenos Aires, en Argentina, con la exposición Mover la Roca. Tuvo un éxito de público enorme, y era por el preconcepto, porque todos querían ver aquello que no tenía que ver con la idea previa. Si todo lo malo tiene algo bueno, el preconcepto esta vez ayudó, porque si hubiéramos llevado cocoteros, palmeras y playa hubiera pasado como otra exposición más, como lo que se esperaba.

Belkis Ramirez Layers, detalle 2

Belkis Ramirez
Layers, detalle 2

C-Podríamos continuar por muchas vías, pero quisiera preguntarte quiénes son las mujeres que aparecen en tu obra.
B-Mucha gente me dice que la mayoría soy yo. La verdad es que, si en algunas obras tengo algunos rasgos de mí, es algo natural, porque una de las caras que uno más conoce es la de una. Entonces, al principio empecé a hacer una misma imagen, una imagen muy parecida, que no es nadie en particular, porque, supongo yo (quizá algún psicoanalista diga otra cosa), cuando hago un ojo, una nariz, una boca, la hago igual. Yo lo que quiero es hacer la imagen de una mujer o de un hombre, entonces mi mano se va por donde mejor conoce, y yo no le hago caso, sino que sigo adelante, porque lo que me interesa en ese momento es contar lo que ese personaje tiene que decir, como si fuera un actor o una actriz. No me importa mucho el envase, lo que quiero es que me sirva para lo que quiero decir.
Pero cuando vengo a ver, se parece muchísimo, y para que eso no me pase busco imágenes de periódicos, empiezo a ver imágenes,…Por ejemplo, cuando hice los paneles del Tirapiedras, unos 50 rostros, lo que quería mostrar era una diversidad, no una fotocopia de un solo personaje, empezaba a ver…Y como hay algunos políticos que me interesa ponerlos ahí,…Pero no me gusta que se parezcan demasiado, entonces les cambiaba un poco el rostro, los labios se los ponía más finos,… para que el espectador dijera, éste se parece a tal, tú crees que podrá ser…Eso hace también que todo el mundo se encuentre en cada uno de los personajes, o encuentre al vecino, o al presidente, o al senador, o al cardenal, que me encanta…Volviendo a las mujeres, no son nadie en particular.
C-Y como personajes, ¿qué representan? ¿Qué historias cuentan?
B-Lo que ocurre es que yo, como mujer, los temas que más domino son los temas, vamos a decir, femeninos, porque no sé cómo llamarlos. Sucede que la Humanidad está compuesta por hombres y mujeres, y sucede que yo soy de la parte que incluso es más del 50%. Entonces, ese 50% sucede que no tiene los mismos privilegios que el otro 50. Y sucede que yo, como soy de ese 50, pues me siento como portavoz, canal de, y conocedora de algunos problemas. Porque sucede también que las mujeres se cuentan historias entre ellas que no se cuentan a los hombres, y viceversa (me dicen que el otro 50% hace lo mismo).
Entonces, ese tipo de anécdotas que se cuentan te da un perfil de un personaje que tú puedes un día ponerle dos ó tres características, y a otro, darle otras. Hay montones de cosas que contar de esa parte de la Humanidad, para la que, por no tener todas las maravillas del “reino”, la Historia es diferente. Eso me parece suficiente como temática como para la vida entera, no se termina. Muchas personas me dicen, tú eres feminista, pero yo no creo que sea así, lo primero porque no me gustan los sellos, no me gustan las etiquetas. Pero a las feministas les debemos mucho, les debemos montones de cosas; ellas fueron las que lucharon. Como a los sindicalistas de entonces (no a los de ahora) [Ríe].

Belkis Ramirez  A traves de tus ojos

Belkis Ramirez
A traves de tus ojos

Ahora bien; todavía faltan muchas cosas por lograr. Cuando ves que en la Cámara de Senadores de aquí hay tres mujeres, entonces, te das cuenta de que algo está pasando. Porque ahí nada más se va a pensar, se necesita cerebro, y hasta ahora no han podido demostrar que no tenemos…
C-¿Cómo interpretas el tema de las edades, de la infancia y la vejez, en tu trabajo?
B-Mi primera obra fue sobre la vejez, y eso no fue casualidad. Yo tenía una especie de complejo de culpa por algo que me pasó. Estaba en Jarabacoa, en un tour de fotografía que teníamos de la universidad, y andaba con mi hermana que también estaba cursando el programa, y le tiré una foto a ella entrando a la iglesia de Jarabacoa. Le dije, entra, yo me cuadré, tomé mi foto, todo perfecto. Y cuando la foto salió, la más sorprendida fui yo, porque en el mismo plano de mi hermana, compartiendo protagonismo, mientras ella salía de la iglesia, había un señor anciano que estaba entrando, y estaban los dos justo en la misma línea, compartiendo el mismo protagonismo, y yo no lo vi, sólo en la foto, y eso me creó a mí un sentimiento de culpa, que me dije, cómo fue posible, porque mi subconsciente sí lo vio, porque encuadré bien la foto, está perfectamente encuadrada, pero no lo registré. Además de que gráficamente fue maravilloso. Aquí los ancianos no se ponen necesariamente chaqueta, y este estaba en chaqueta, con todo ese sello, sombrero, bastón,…Lo tenía todo.
Esa imagen la repetí hasta tres veces, y la incluí como motivo en obras más grandes. Entonces hice mi primera exposición, que se llamó La tercera edad, porque todo lo que producía eran personas mayores, pensaba que por más que hacía no pagaba la culpa [ríe]. Aparte de que por entonces empezaron ellos a ser protagonistas en mi temática: iba a todos los sitios y veía los viejitos, empecé a verlos por todos lados, si iba a algún sitio y había personas jóvenes, los que me llamaban la atención eran ellos. Entonces, hice “viejitos” por dos ó tres años, y ahí empezó también la etapa del desalojo, de los hospitales,…
C-Cambiando de tema, tu generación sale del país, participa en las grandes exposiciones,… ¿ha alcanzado el arte dominicano un acceso regular a los escenarios artísticos internacionales?
B-Creo que para poder sacar una respuesta necesitamos mucha reflexión, seminarios, talleres,…Porque lo puedes enfocar desde diferentes puntos de vista, hasta desde uno sobrenatural…A veces nosotros no entendemos, muchas veces cuando nosotros salimos y vemos que las delegaciones de otros países no sólo distribuyen bien su arte, sino que también tienen una plataforma estructurada. El asunto es que aquí se necesitan estudiosos que empiecen a ver por qué eso no ha pasado.
Aunque poco a poco las cosas han ido mejorando. Por ejemplo, me acuerdo cuando nosotros fuimos a la Bienal de Johannesburgo, ese fue uno de los momentos más dramáticos, viendo la “orfandad” de los dominicanos con relación a todos los demás, que tenían sus embajadores, curadores,…Todo lo que necesitaban. A pesar de todo fuimos, con nuestros propios recursos. Quizá eso nos hizo tener mayor coraje o fortaleza de, lo poco que tenemos, haberlo conseguido a pura fuerza de voluntad. Porque, si te pones a ver que no existen las herramientas para que eso se pudiera dar, y a pesar de todo hemos estado en algunos circuitos importantes, es porque ha sido a base de coraje.

Belkis Ramirez  Pues si como te iba diciendo, 2013-2014

Belkis Ramirez
Pues si como te iba diciendo, 2013-2014

Nosotros hemos ido insertándonos, aunque sea lentamente. La publicación Caribbean Art fue en los noventa; de ahí hasta hoy hemos estado más abiertos, y más artistas han estado fuera, y más curadores y teóricos del arte han venido. Cuando vino Veerle Poupeye éramos menos conocidos; entonces, que viniera alguien de fuera a estudiar el arte dominicano no era usual. Pero ya no, es mucho más frecuente que nos visiten críticos y curadores extranjeros. Por ejemplo, a nosotros nos pasa con relativa frecuencia que estudiantes de fuera nos escriben pidiéndonos ayuda, para una tesis, para lo que sea. Eso, cuando cada uno de esos estudios y escritos empiece a circular, multiplicará el efecto. Siento que estamos en un momento de que “el amanecer viene pronto” [ríe].
C-¿Cómo encuentras el apoyo del público, cuál es la reacción del público ante el arte actual?
B-A veces el público nos sorprende a nosotros. Cuando regularmente no existen los estamentos para que la gran masa de público conozca lo nuevo que se está haciendo, encontrar que la gente asiste, y se hace cómplice de la obra, para nosotros es un gran regalo, y ha pasado bastantes veces. Es un público que no tiene la cotidianidad de enfrentarse a ese tipo de obras, y cuando las ve sí creo que reacciona favorablemente, las observa con interés, se identifica con ellas más de lo que uno supone. Antes había un grupo muy disminuido de público que iba a esas exposiciones y prácticamente siempre eran los mismos. Pero cuando hemos tenido la posibilidad de encontrar, por ejemplo en las Bienales, mucho público, éste se enamora, se entusiasma, se crea un movimiento que no es quizá como en otros países, pero creo que de manera relativa es bastante positivo lo que pasa, con relación a todos los problemas de los que hemos estado hablando.

 

Carlos Garrido

Aica Caraïbe du Sud

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